Llegaron a las 21,30 horas del viernes a la casa rural Ribera del Arlanza, en el número 21 de la carretera de Palencia, en Tordómar. María Medio Bozmediano había organizado una reunión con sus tres hijas, sus respectivos maridos y sus cinco nietos para celebrar su cumpleaños. Un fin de semana de fiesta que en pocas horas se tornó en una tragedia en la que murieron seis miembros de una familia asturiana, la abuela, dos de sus descendientes y tres niños pequeños. Un incendio que se originó en un sofá de la planta baja -al parecer por la caída de una chispa de la chimenea- originó una gran cantidad de humo que ascendió hasta la buhardilla, la dependencia donde dormían las seis víctimas mortales. Todas ellas fallecieron por asfixia debido a la inhalación de gases, según el informe forense.

 

      A las 2,30 de la madrugada uno de los hombres, que dormía en la primera planta (la casa tiene tres), se despertó a consecuencia del humo, saltó desde un balcón hasta la terraza que da al río Arlanza y se dirigió al bar El Pescador para pedir ayuda. Cinco muchachos -cuatro chicos y una joven- se levantaron a toda prisa porque fueron advertidos de que quedaba «mucha gente dentro». Corrieron hacia la vivienda con dos escaleras, que tomaron del establecimiento, para acceder al interior. Al principio, era imposible entrar, a causa del humo. Tras romper varias ventanas para ventilar el inmueble, se colaron dentro, junto a un guardia civil de una patrulla de Lerma que llegó a los pocos instantes.

                                                     Introducen uno de los cuerpos en un furgón funerario.  LUIS ORCAJO

 

       Uno de los varones que sobrevivió se encontraba en el interior intentando localizar al resto de sus parientes, pero era muy difícil debido a la oscuridad y la gran concentración de humo que había dentro. Estos cinco vecinos de Tordómar y el agente no lo dudaron ni un momento y subieron hasta el balcón del primer piso para buscar las personas que estaban en su interior. Con prendas mojadas sobre el rostro llegaron hasta la buhardilla, ya que los otros cinco supervivientes ya se encontraban a salvo en el exterior.

 

       Empezaron a bajar cuerpos que en esos momentos ignoraban que estuvieran sin vida. De hecho, ellos mismos y después los miembros del equipo médico de Lerma intentaron reanimarlos, durante más de 30 minutos, pero fue imposible. Los desfibriladores no los devolvieron a la vida, los seis estaban muertos.

 

La familia, originaria de Gijón, había quedado a mitad de camino entre Asturias y Madrid, ya que una de las hijas vivía en la capital de España. Murió la abuela, María José Medio Bozmediano (59 años), que fue quien convocó la reunión para celebrar su cumpleaños.
También pereció su hija María Medio Fernández (36) y sus dos vástagos, Santiago y Carmen (4 y 6 años). Almudena Medio Fernández (35), su hermana, también pereció y junto a ella su hija Manuela (3). Sobrevivieron a la tragedia la segunda hija de Almudena, Lola (5);Dolores Medio Fernández (34), la tercera hermana; los tres maridos Luis Fuentes Ortiz (34 años), Luis Fidalgo Díaz (37) e Ignacio Fuentes Villanueva, y el bebé de 7 meses Luis Fuentes Medio. Todos ellos fueron trasladados en ambulancia de Sacyl hasta el Hospital Universitario de Burgos. Dos de los varones adultos permanecen ingresados por las quemaduras que sufrieron y bajo vigilancia psicológica. El resto de supervivientes fueron dados de alta a mediodía.

 

     La Guardia Civil desplazó ayer a primera hora a sus efectivos de la Policía Judicial y Científica con el fin de determinar las causas del fuego. Después se les unirían los expertos en investigación de incendios procedentes de León y Logroño. La jueza de Lerma y el equipo forense también se desplazaron a primera hora de la mañana.

 

Las primeras hipótesis apuntan a que el fuego se originó en un sofá situado a metro y medio de una chimenea con puerta, que los bomberos de Lerma hallaron cerrada al llegar. Sin embargo, parece ser que una chispa pudo saltar en algún momento en que los moradores de la casa abrieron la cancela para echar algún tronco. El rescoldo pudo caer bajo ese tresillo y empezar después una combustión lenta. Quizás por ello no se dieran cuenta, a la hora de acostarse, de que se había producido un incendio.

 

      El sofá y otros muebles de madera y plástico situados alrededor ardieron por completo, con llamas que incluso alcanzaron a la escalera. Ésta actuó de chimenea y por ella ascendió el humo hasta la buhardilla, que carece de puerta de entrada. La mayor parte del monóxido de carbono se concentró en esa última planta y de ahí que todos los que dormían en ella perecieran por ‘muerte dulce’. El resto, que descansaba en las tres habitaciones del primer piso, sobrevivió, seguramente porque las puertas estaban cerradas.el fuego y el humo suelen destruir la mayor parte de las pruebas. En principio descartan que pueda tratarse de un cigarrillo, pero dado que la puerta de la chimenea estaba cerrada cuando llegaron los bomberos no desechan que fuera por otra causa. Lo que tienen claro es que el incendio empezó en el sofá. 

 

El Ayuntamiento de Tordómar ha decretado tres días de luto igual que el de Gijón. La alcaldesa de la población de 400 habitantes situada a 8 kilómetros de Lerma, Inmaculada Sierra, lamentó lo sucedido y ofreció la ayuda del pueblo a los familiares de las víctimas. La regidora estuvo en todo momento pendiente de lo ocurrido, igual que el presidente de la Diputación, César Rico, que se acercó hasta el municipio por la mañana.

 

Los cuerpos de los fallecidos, una vez practicada la autopsia, pasaron a una sala velatoria del tanatorio San José. Mañana a las 11 serán incinerados.

 

 

 

«La chimenea estaba cerrada»

 

 

 

      Cuando llegaron los bomberos de Lerma, sobre las 2,45 de la madrugada, aún había llamas bajo el sofá, que tuvieron que sofocar. Al entrar en la casa la chimenea estaba cerrada, pero la abrieron para comprobar qué temperatura tenía, por eso la Guardia Civil se la encontró abierta. 
     Melchor García, uno de los bomberos voluntarios de Lerma que acudió al incendio, valoraba ayer la valentía de los vecinos del pueblo que accedieron a la vivienda para socorrer a los supervivientes y descender los cadáveres. «Subir y sacarlos de allí a pulmón limpio tiene un mérito enorme», reconoció. El pueblo, según afirmó, «se ha volcado, la colaboración ha sido increíble». 
A su llegada todos cadáveres estaban en el jardín, frente a la puerta principal. «Los sanitarios y los propios vecinos intentaron reanimarles, pero fue imposible», recuerda. Nunca se había enfrentado a una tragedia de esta naturaleza. «La impresión de ver todos los cuerpos alineados ha sido muy dura», señala.
 
«Dos niños pasaron a casa para no ver lo que sucedía fuera»
 
        Fidela Cabañes habita en la vivienda situada justo enfrente de la casa rural donde sucedió la tragedia, al otro lado de la carretera de Palencia. Poco antes de las tres se despertó sobresaltada y salió a ver qué ocurría. A pesar de su avanzada edad se ofreció para colaborar en todo lo posible y a su casa entraron los dos niños que sobrevivieron, «para que no vieran todo lo que ocurría fuera y los cadáveres en el jardín». No estaban heridos, entraron un momento, hasta que llegaron las ambulancias y los sanitarios empezaron a trasladarlos hasta el Hospital Universitario de Burgos. 
La de Fidela es una muestra más de un pueblo que ayer se volcó en las labores de ayuda y socorro a la familia asturiana que se hospedaba en la casa rural Ribera del Arlanza. Numerosos habitantes se acercaron hasta allí para prestar mantas, toallas y ropa a las víctimas. Toda una muestra de solidaridad.
 
 
                                                                                                                                                                                                                          Publicado : 23 / 02 / 2014